lunes, 9 de mayo de 2011

En busca de la felicidad

El gran nervio de protección es el amor que nos hace arriesgarnos hacía un universo encantado y enloquecedor hecho cabalmente a nuestra medida. Todo ese mundo misterioso es cálido, no siento frío, ni vacío. Percibo una plaga de sensibilidad, de dulces estimulos que transforman lo invisible en materia viva, cada instante menos desconocida y más extraordinaria. No hay que temer la claridad por la excusa de que casi siempre ha servido para iluminar una vida chasqueada. Tu luz ha curado cada grieta de oscuridad creando sombras, sombras de amor.