viernes, 6 de agosto de 2010
Ocho y medio.
Miro al techo que ha vuelto a gotear, hacia tiempo que no llovía así. Y casa gota golpeando contra los cacharros de metal me hace pensar unas veces en sangre y otras veces en ti, lo que en realidad viene a ser lo mismo, lo que por crueldad viene a dar igual. O puede ser un ángel que una vez perdió la fe y fue expulsado, y que ha venido a agonizar justo encima de mi hogar; y estas gotas sean sus lagrimas, o puede que sea hora de entrar ya en razón. Y llegar a comprender que dentro de este horror no hay literatura, no. Y eso tu lo sabes bien a fuerza de caer una y otra vez en una trampa mortal que en el tiempo dura ya ocho años y medio. Seré muy breve: te quiero y esto duele. […] Rescribiendo la espiral de prometer hacerlo bien, de cometer un nuevo error, de no saber pedir perdón o pedirlo demasiadas veces. Y aunque ahora escupo una oración, helado de terror, ningún Dios responde aun.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario