
- Y entonces me cabreo, y después me pongo triste por cabrearme, y después me cabreo por estar triste y después para acabar de adornar el pastel, mi autocompasión irrumpe con el ímpetu de un motor a turbina y entro en una especie de centrifugado interminable y patético en que la ropa sucia no deja de dar vueltas y mas vueltas, pero nunca queda limpia.
- Torturándome un poco, arrancándome recuerdos al azar como si fueran las cerillas de un cartón, encendiéndolas una a una y prendiéndome fuego bajo una agradable modorra.
“Se llamaba Hailey. Ahora ya no está. Y yo tampoco”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario